El Gobierno de Javier Milei concretó este martes el retiro oficial de Argentina de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
La medida se hace efectiva tras cumplirse un año de la notificación enviada a la Organización de las Naciones Unidas. Con esta decisión, el país se desvincula del organismo sanitario internacional, marcando un hito en la política exterior de la actual gestión, que busca reducir la influencia de entidades globales en las decisiones internas.
Defensa de la soberanía sanitaria nacional
El canciller argentino, Pablo Quirno, explicó que el proceso se realizó bajo las normas de la Convención de Viena. Según el Ejecutivo, la salida permitirá al país mayor libertad para diseñar sus propios protocolos médicos. Argentina «continuará promoviendo la cooperación internacional en salud a través de acuerdos bilaterales y ámbitos regionales, resguardando plenamente su soberanía y su capacidad de decisión en materia de políticas sanitarias», afirmó Quirno a través de sus redes oficiales.
Críticas a la gestión de la pandemia
La decisión se fundamenta en las profundas diferencias con la OMS respecto al manejo del covid-19. En su momento, el presidente Milei calificó al organismo como «un organismo nefasto y que fue el brazo ejecutor de lo que fue el mayor experimento de control social de la historia». Por su parte, el Ejecutivo sostiene que esta ruptura evitará intervenciones externas. No obstante, diversos expertos sanitarios locales han advertido que la medida podría aislar al país de importantes redes de vigilancia epidemiológica global.