En 2013, Nicolás Maduro aseguró que Venezuela tenía “el sistema antiaéreo más potente del mundo” y que “nadie podrá tocar ni un centímetro de la patria”. Sin embargo, el 3 de enero de 2026, más de 150 aviones y helicópteros de Estados Unidos ingresaron al espacio aéreo venezolano y llegaron hasta Caracas sin una respuesta efectiva.
Tecnología avanzada, pero vulnerable
Venezuela adquirió sistemas rusos S-300, Buk-M2, misiles Pechora e Igla-S, además de radares chinos y drones iraníes. En teoría, era una defensa robusta. Pero expertos militares señalaron que frente a un rival altamente sofisticado, como EE.UU., resultó insuficiente.
“Para un oponente altamente sofisticado como Estados Unidos no es más que chatarra”, afirmó Thomas Withington, especialista en guerra electrónica.
Guerra electrónica y fallas internas
Analistas sostienen que EE.UU. neutralizó radares y comunicaciones mediante interferencias y ciberataques. “Es probable que se produjeran ciberataques a los ordenadores del sistema”, explicó Withington. A esto se sumó el mal posicionamiento de los equipos y la falta de camuflaje.
Entrenamiento y doctrina cuestionados
Mark Cancian, del CSIS, indicó que muchos sistemas estaban “a la vista de todos”, lo que facilitó su destrucción. Además, exmilitares venezolanos señalaron que las Fuerzas Armadas se enfocaron más en control interno que en defensa externa.
Corrupción y equipos inactivos
Medios internacionales reportaron que parte del sistema no estaba operativo por problemas económicos y mala gestión. “Existe una gran discrepancia entre lo que Venezuela tiene en teoría y lo que realmente está operativo”, advirtió Andrei Serbin Pont.